viernes, 16 de agosto de 2013
Día 15: Ketchikan (11-08-2013)
¡Por fin pisábamos Alaska! Nuestra primera parada era Ketchikan, una pequeña localidad costera de Alaska denominada la capital mundial del Salmón.
Lo primero que sorprende de todos y cada uno de los puertos que pisamos es como la actividad local gira en torno al mundo de los cruceros. En algunos de los puertos en los que estuvimos era frecuente compartir espacio no con uno o dos cruceros, sino con hasta cuatro cruceros más. Esto daba la paradoja de ir a ciudades donde había sólo 800 habitantes y ese día podía multiplicarse los visitantes por diez, y haber unos 8.000 personas en ese mismo sitio. Así que un poco desilusionados por como poco a poco se va viendo que estos pueblos que anteriormente se dedicaban casi en exclusiva a la pesca y artesanía, hoy día viven casi en un 80% de la industria turística de los cruceros. Eso no quita, una vez que te acostumbras, a disfrutar de lo que realmente uno viene a hacer en Alaska: ver y sentir una naturaleza, fauna y flora que difícilmente se ve en otro lugar del planeta.
Como teníamos la excursión contratada para eso de las 10.30, teníamos algo de tiempo para ver Ketchikan. En todo momento usábamos la guía de Lonely Planet de Alaska, en inglés, pero mucho más completa que la guía de El País Aguilar, que aunque en español, no era tan práctica como la de Lonely. Tras ver el puerto y el centro de Ketchikan, nos dirigimos a Creek Street, un antiguo barrio dedicado a la prostitución que había sido rescatado y ahora era una atracción turística. Lo cierto es que es un lugar muy estético, bordeando el río, con unas pasarelas de madera. Abajo, en el río, la razón por la que se denomina Ketchikan la capital mundial del salmón.
La excursión que contratamos con Royal Caribbean se llamaba “Rain Forest Island Adventure”, con una duración de unas 4 horas aproximadamente. Tras ir al punto de encuentro que se encontraba en el mismo puerto, un pequeño autobús nos condujo hasta un puerto pesquero que se encontraba a 30 minutos de Ketchikan, para desde allí, unas 16 personas, que después se dividieron en dos grupos de 8, tomáramos una lancha neumática tipo zodiac para dirigirnos a la Rain Forest Island, donde no nos llovió, pese al nombre de la isla, y si que nos hizo una temperatura francamente buena que rondaba los 24 grados.
La travesía en zodiac duró aproximadamente unos 20 minutos, y las vistas empezaban a despuntar lo que nos encontraríamos en Alaska. Una vegetación muy frondosa y variada, aguas frías, y una fauna digna de un reportaje de National Geograhic.
La zodiac desembarcó en una pequeña playa, donde nuestro guía nos iba describiendo las distintas clases de árboles que poblaban la isla. Lástima que nuestro inglés no nos permitiera captar todos y cada uno de los matices de las explicaciones que iban dando... Tras la playa, entramos en un bosque que bien parecía un intramundo, como si el mundo se hubiera detenido y hubiéramos sido los primeros en pisar esa zona. Lástima que el sendero estaba hecho por unos tablones de madera, pero se quería preservar en todo momento la flora y que nadie se saliera del sendero, cosa que también es comprensible.
Después de un paseo de unos 3 kilómetros aproximadamente en círculo, y ya de vuelta en la playa, nos prepararon unos pequeños snaps de salmón seco y queso, con unas crackers, y chocolate caliente.
De allí tomamos nuevamente la zodiac, y tras varias paradas para ver las famosas águilas que aparecen en los distintivos oficiales de los Estados Unidos, llegamos al puerto pesquero y de ahí a nuestro crucero, donde comimos y pasamos la tarde descansando y leyendo, antes de cenar y acostarnos.
Al día siguiente nos esperaba una nueva escala: Icy Strait Point, en la localidad de Hoonah.
Día 14: Inside Passage (10-08-2013)
Inside Passaje, como su propio nombre indica, hace referencia al Pasaje Interior, esto es, el crucero atraviesa dentro del Golfo de Alaska una zona entre islas y la costa de Alaska realmente bonita y espectacular.
Pese a ello, el día se levanto frío y lluvioso a primera hora, así que aprovechamos para ir al gimnasio, que estaba a tope, y hacer algo de ejercicio, ya que como se estaba todo el día navegando, no íbamos a hacer ninguna escala.
Después de desayunar, estuvimos disfrutando de las todas las instalaciones y atracciones del crucero: piscina, lectura, descanso, relax, siesta... Vamos, lo que llevamos sin hacer durante dos semanas.
Con posterioridad, a eso de las 19.30 horas, era la recepción del capitán (por lo visto, y como nos comentó nuestro compañero de mesa de Barcelona, Jaume, que llevaba la friolera con 46 cruceros con este de Alaska, al ser ya los barcos tan grandes y con tantos pasajeros, eso de la cena del capitán ya deja de tener un poco de sentido, y lo que se hace es una recepción donde presenta a su tripulación). Fue un acto entretenido, al que había que ir de gala, así como a la posterior cena, donde además de champange, había algunos canapés, en uno de los salones más bonitos del barco. Pasamos un buen rato.
Luego, la cena. No lo he comentado con anterioridad. El desayuno y la comida, también estilo buffete, se sirven en un salón de la cubierta 11, pero la cena se solía hacer en la cubierta 4, es a la carta, que no se abona aparte (salvo que vayas a alguno de los restaurantes de especialidades, como el japonés, italiano, brasileño, etc.), con productos mucho más elaborados: salmón de Alaska, bacalao, carne de ternera de Canadá, pasta italiana, muy, muy bueno todo.
Poco más que contar este día. Al día siguiente haríamos nuestra primera parada en Ketchikan, donde teníamos contratada nuestra primera excursión.
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